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| TORRELLANO EN IMÁGENES |
Torrellano: historia breve y memoria sentimental de un pueblo
¡Hola, vecinos y amigos!
Aunque hace ya más de treinta años que no vivo en Torrellano, hay algo que no ha cambiado
con el tiempo: una parte de mí sigue allí. En sus calles, en sus caminos, en
los recuerdos que se activan cada vez que alguien menciona su nombre. Por eso
hoy quiero compartir algo que me ha acompañado durante años, casi como una
inquietud constante: la historia de nuestro
pueblo.
La historia, como todos sabemos, no se escribe
solo en los libros oficiales. Se construye día a día, con gestos pequeños, con
decisiones cotidianas, con anécdotas que se cuentan en una sobremesa. El
problema es que, si nadie las recoge, esas historias desaparecen. Y en el caso
de Torrellano, lo cierto es que hay muy
poco escrito. Demasiado poco para un lugar con tanta vida detrás.
Siempre he pensado que alguien, hace tiempo,
debería haberse sentado a recopilar los hechos, las vivencias, los nombres y
las experiencias de nuestra gente. Porque cada día que pasa sin dejar
constancia es un día que se pierde para siempre en la memoria colectiva.
Buscar
respuestas… y no encontrarlas
Durante años intenté encontrar información.
Pregunté. Leí. Busqué en documentos, en referencias sueltas, en recuerdos
ajenos. Pero muchas veces las respuestas no llegaban. O llegaban incompletas.
Las pocas personas que podían saber algo ya no lo recordaban con claridad, o lo
hacían de forma fragmentada, mezclando fechas, lugares y nombres.
Llegó un momento en el que me cansé de buscar sin
encontrar. Y entonces tomé una decisión sencilla pero importante: hacerlo yo mismo. Reunir en un solo
espacio todo lo que he leído, vivido, investigado o me han contado. No con la
pretensión de sentar cátedra, sino con la intención de que cualquiera que
sienta curiosidad por Torrellano —o por su relación con Elche— tenga un lugar
al que acudir.
Quiero dejar algo claro desde el principio: no soy historiador, ni pretendo serlo.
En algunos casos, por falta de documentos o por no haber dado con la persona
adecuada, compartiré teorías personales y conclusiones propias. Siempre desde
el respeto y con la intención de abrir preguntas, no de cerrarlas.
Un
espacio abierto, no un dogma
Me gusta la polémica sana. La que suma. La que
nos hace aprender. Si alguien no está de acuerdo con algo de lo que aquí se
diga y puede aportar datos contrastados o una visión distinta, será más que
bienvenido. Este no es un relato cerrado, sino un espacio vivo, en constante construcción.
El objetivo es sencillo: que cuando alguien
quiera saber algo sobre Torrellano, no tenga que saltar de un sitio a otro,
sino que encuentre la información reunida, accesible y comprensible.
Todo empezó, curiosamente, con una pregunta muy
simple:
¿Desde cuándo Torrellano se llama así? ¿Y hasta
cuándo se llamó Lo I More?
Busqué respuestas… y apenas encontré nada.
Existen referencias vagas a ese nombre antiguo, pero sin bases documentales
sólidas. No he encontrado textos que hablen con claridad de Lo I More, aunque sí otros datos
interesantes que iré compartiendo poco a poco.
Lo
que sí sabemos con certeza
Hay, sin embargo, un dato claro y documentado:
El
nombre Torrellano proviene del
título de Condes de Torrellano,
concedido en 1716. Eso significa
que, como tal, nuestro pueblo cumplió 300
años en 2016. Tres siglos de historia. Casi nada.
Confieso que siempre me ha dado cierta pena que
ese aniversario no se celebrara como merecía. Hubiera sido una ocasión perfecta
para recordar de dónde venimos, para organizar actos especiales, incluso para
invitar a Doña María Leticia de Borbón y
de Rojas, VIII Condesa de Torrellano. Al fin y al cabo, el pueblo
lleva su título en el nombre.
Una
historia hecha de personas normales
No pretendo escribir una enciclopedia ni
glorificar a nadie. Tampoco señalar errores ni juzgar el pasado con ojos del
presente. Lo que busco es rescatar del
olvido a las personas anónimas que, con su pequeño granito de arena,
ayudaron a construir la identidad de Torrellano.
Porque la historia no la hacen solo los grandes
conquistadores o quienes levantan imperios. También la hace alguien como Ginés Esclapez, el primer fotógrafo del
pueblo en los años 60, cuando Torrellano apenas contaba con unos pocos vecinos.
No es lo mismo abrir un negocio hoy que hacerlo cuando todo estaba por hacer.
Cada oficio, cada iniciativa, cada decisión
cotidiana suma.
Una historia abierta (y con margen de error)
Los datos que comparto son fiables en la medida
de lo posible, pero el error humano existe. Si encuentras algo incorrecto, no
hay mala intención. Esta es, y seguirá siendo, una HISTORIA ABIERTA, sujeta a revisión, ampliación y mejora
constante.
¿Quieres
colaborar?
Si sabes algo que merezca ser contado, si recuerdas una anécdota que no debería perderse, o si simplemente quieres corregir o matizar un dato, te invito a dejarlo en los comentarios. Entre todos podemos enriquecer este pequeño archivo de memoria colectiva.
Agradecimientos
La lista de personas e instituciones a quienes debo mi gratitud es extensa,
pero todas ellas han sido imprescindibles. Sin su ayuda, habría sido imposible
llegar a ciertas conclusiones o rescatar hechos que solo permanecen en la
memoria de quienes los vivieron o los escucharon de sus mayores: padres,
abuelos, tíos, amigos o vecinos, que un día tuvieron la amabilidad de contarlos
sin saber si quedarían en el olvido. Gracias a ellos, hoy podemos conocer y
compartir gran parte de esa historia, que he querido poner al alcance de todos.
Mi padre solía decir: “Para saber hay que
preguntar, y más vale lápiz corto que memoria larga”. Siguiendo su consejo,
pregunté, tomé nota y recopilé con paciencia todo lo que me fue posible.
En primer lugar, mi agradecimiento más profundo es
para mi familia. A mis padres, José
Esteve Pérez, “Pepín el Quiquero”, y Josefina Sempere Mollá, “la Pallera”,
por despertar en mí la inquietud por aprender, el respeto por la consulta y la
convicción de que toda realidad puede verse desde múltiples
perspectivas: “No te quedes con la primera nunca, hay que discernir”,
solían decirme.
A mis hermanos Rafael y José, “Pepito”, mayores que yo dieciocho y once años,
porque gracias a su esfuerzo en el campo, yo pude recibir una formación algo
más amplia que la suya. Y, sobre todo, por enseñarme siempre el valor del buen
camino.
A mi esposa, María del Pilar Lucas
Blasco, y a mis hijas, Verónica
y Celia, por su paciencia y
comprensión al acompañarme en este proceso. Por tolerar mis “historias de
abuelo cebolleta” y por aceptar las muchas horas que, pudiendo dedicárselas a
ellas, quedaron absorbidas por documentos, legajos y escritos.
Agradezco también a Internet y a quienes comparten sus estudios,
datos y referencias, facilitando el acceso al conocimiento, corrigiendo errores
involuntarios y enriqueciendo la investigación con su generosidad.
Al Archivo Municipal de Elche y a las
personas responsables de su custodia, por la amabilidad y diligencia con la que
siempre atienden mis consultas. De igual modo, a Joan Castaño García,
archivero de Santa María, por su constante disposición a colaborar.
A todos aquellos que, antes que yo, escribieron sobre Elche y el Campo de
Elche, pues sus trabajos fueron guía, referencia y punto de partida para mis
propias conclusiones.
Y, por supuesto, a vecinos, amigos y conocidos, que, con sus recuerdos,
testimonios y pequeñas aportaciones, sumaron valioso contenido a este esfuerzo
de memoria colectiva.
A todos ustedes, mi sincero y profundo
agradecimiento.
Porque la historia no solo se escribe en los libros,
sino que vive en las voces y recuerdos de quienes la transmiten. Este trabajo
no pretende cerrarla, sino mantenerla viva para que otros, mañana, puedan
seguir preguntando, descubriendo y recordando.

